Grupo Nacional de Montaņa "Leones de Castilla"
  Ampollas, compañeras de viaje
 

                                        

Son insidiosas y comienzan a molestar poco a poco, pero son capaces de arruinar completamente la excursión. Hay muchos tratamientos pero Karen Berger, autora de Trucos para excursionistas, nos da su opinión sobre lo que hay que saber sobre ampollas si vas a salir al campo.

Botas a medida. La prevención de las ampollas empieza cuando compras un par de botas nuevas. Tres claves para conseguir un perfecto ajuste: que la parte de los dedos sea lo bastante grande como para agitarlos, que no notes que tus dedos se aplastan contra el cuero cuando tropiezas con algo y bajas una cuesta, y que en la caña haya el sitio justo para que, si aprietas el pie hacia delante, te quepa un dedo entre la bota y el tobillo. Pero el tobillo no debe subir ni bajar en la bota mientras andas.

Compara tus nuevas botas con unas viejas. Una bota parece más dura y ajustada que una vieja y rodada. De todas formas, llévate un par de botas viejas realmente cómodas, o unas zapatillas de trekking para comparar las botas nuevas. Si la bota que pruebas te sienta demasiado diferente, sigue buscando.

Compra las botas por la tarde. Después del mediodía tus pies se hinchan, así que es entonces cuando has de probar las botas.

Empareja botas y calcetines. Existen varios grosores de calcetín, y el grosor que elijas influirá en cómo te sentará la bota. Los calcetines muy mullidos son una ventaja, sobre todo en terreno duro y rocoso. Asegúrate de probar las botas con el tipo de calcetín que piensas usar.

Plantillas. Hay plantillas de diversas formas y tamaños; medias plantillas para la parte de delante, plantillas sólo para el talón, ortopédicas, rellenas de gel, acolchadas que te prometen que caminarás sobre una nube… Las plantillas que vienen con la mayoría de las botas son baratas y delgadas. Si quieres usar unas más gruesas (que pueden llegar a ser muy cómodas) póntelas cuando te pruebes las botas.

Hazles el “rodaje” a tus botas. Hazlo incluso con las más ligeras. Da igual lo que te diga el fabricante sobre si necesitan o no ser domadas: lo necesitan. Tus pies y tus botas deben conocerse, y esto se consigue mucho más fácilmente sin la mochila puesta. No es agradable descubrir problemas de ampollas o de numeración en mitad de ninguna parte. Siempre hago 80 kilómetros de paseo cerca de casa con las botas nuevas antes de salir con ellas. Y no me salen ampollas.

Conoce tus pies. La mayoría de la gente tiene partes particularmente propensas a las ampollas. Dales un tratamiento previo a dichos puntos. También mucha gente tiene pies de tallas levemente distintas. Si la diferencia es notable, usa calcetines y plantillas diferentes para ajustarte a cada bota.

Trucos al atar los cordones. Algunos problemas de acomodación se pueden solucionar ajustando la bota a tu pie en unas partes más que en otras. Haciendo medios nudos o triples vueltas en el arranque de la caña, puedes lograr una presión en la caña de la bota distinta a la del empeine. Puedes apretar la punta pero dejar algo más suelto el arranque y la caña; o puedes conseguir algo más de espacio en la puntera aflojando las vueltas sobre los dedos, haciendo un nudo en el arranque y apretando más el tobillo.

Acolchar la bota. En el campo, prueba a usar esparadrapo para rellenar sitio en una bota demasiado grande, o para tapar una costura o protuberancia que te esté molestando.

Hazte la pedicura. Como poco, córtate las uñas de los pies. Es lo primero que hay que hacer si te empiezan a salir ampollitas a los lados de los dedos. Si después de cortada, la uña sigue clavándose en el dedo de al lado, envuelve la uña, el dedo, o ambos, en esparadrapo.

Amplía el espacio para los dedos. Una manera tradicional de domar las botas consiste en empaparlas, para luego secarlas andando. Primero ponte esparadrapo en las partes del pie propensas a las ampollas, ya que los pies mojados son más sensibles. Tras el remojo, ponte calcetines secos. A propósito: algunos expertos desaconsejan esto, pues dicen que la inmersión no es buena para el cuero. Tal vez sea cierto, pero entonces me pregunto: ¿qué hacen cuando les llueve durante una semana? Una vez se hayan secado las botas, trátalas con grasa especial.

Calcetines finos. Ponte calcetines finos de tejido sintético transpirable (como Thermax o polipropileno), que expulsen el sudor del pie. No lleves calcetines de algodón ni de mezcla. El algodón absorbe varias veces su peso en agua y la mantiene pegada a tu piel, en donde puede causar ampollas. De veras.

Calcetines exteriores. Deberían ser de lana de peso intermedio, quizás con algo de fibra para que mantengan la forma y tengan más resistencia (los calcetines de pura lana virgen tienden a desgastarse antes que las mezclas 80-20%). Los calcetines especiales para trekking llevan suelas más gruesas para mayor comodidad de la planta del pie. La diferencia es pequeña, aunque tras decenas de miles de pasos en un día, las pequeñas diferencias se notan.

Ponte calcetines secos a la hora del almuerzo. Cuando caminas durante un día templado, tus pies se sienten bastante bien. Te sorprenderá saber lo húmedos y sudorosos que en realidad están. En los descansos más largos, como al ahora del almuerzo, aprovecha para ventilar los pies y los calcetines. O ponte un par seco.

Ventila los calcetines. En el campamento, comprueba si tus calcetines tienen semillas, arena, tierra o resina pegada (que puede endurecerse y causar ampollas). Tras quitar los pinchos, ventila los calcetines. Se nota la diferencia cuando llevas los mismos calcetines puestos varios días.

Haz la colada. Aprovecha el tiempo seco para enjuagar los calcetines finos en cuanto llegues al campamento (tardan más de lo que piensas en secarse, y un par de horas más de sol, se notan). Si los calcetines finos siguen húmedos al amanecer, ponte unos de repuesto y cuelga los otros en la parte de  atrás de la mochila para que se sequen bien: los calcetines pueden engancharse en las ramas que penden sobre el camino.

Cuida tus pies. Mételos en un arroyo. Lávalos y sécalos. Échales algunos polvos para los pies. Dales un masaje. Mejor aún: intercambia masaje con un compañero de excursión complaciente. El masaje estimula la circulación de la sangre en los pies y ayuda a eliminar los ácidos lácticos que se derivan de la actividad muscular. Y en cualquier caso, ¡un masaje de pies es una gozada!

Lleva zapatillas. Si el terreno es fácil, el clima razonablemente seco, y vas a andar sólo un par de días (de modo que no llevas toneladas de comida), tal vez ni necesites botas. Es una opción personal: hay quien nunca renunciaría a la sujeción que una caña le da al tobillo. Si llevas botas, considera la posibilidad de transportar algún calzado de campamento para mayor comodidad. Si este calzado son zapatillas de deporte, recuerda que puedes ponértelas para caminar cuando tus botas te causen ampollas.

Ampollas: tratamiento

Detente ya. En el preciso instante en que sientas que algo te pellizca, te roza o, de algún modo, molesta tu pie, ¡alto! Ni un segundo más tarde. Las ampollas más graves —las que te hacen sentir el pie como carne picada— se deben a la violación de este sencillo principio. No haces caso al dolor porque eres muy duro. Sigues porque no queda mucho hasta el otro campamento. No eres un flojucho. Vale, como tú quieras: pies de hamburguesa.

Localiza el problema. A menudo el problema es pequeño y se puede arreglar. Pongamos que un grano de arena enterrado en la piel sudorosa, o un calcetín torcido. Si el problema está en tu bota, frota el interior de la misma con una navaja cerrada o un pequeño canto rodado. Esta sencilla y rápida reparación te dará el milímetro de espacio que necesitas.

Deja secar los pues sudados. A veces la causa de las ampollas está en unos pies sudados que resbalan dentro de unas botas demasiado rígidas. Llevar polainas (incluso de Gore-Tex) en un día de calor puede aumentar el sudor. Deja secar los pies sudados antes de aplicarles tratamientos adhesivos, como la piel sintética, ya que los adhesivos no se pegan bien a la piel mojada.

Protege la zona. Un pequeño punto rojo causado por un grano de arena que has encontrado y sacado, puede que sólo precise un parche. Otra herida más desagradable tal vez precise un acolchamiento adicional, como una capa de tira protectora. Es mejor ponerla encima del parche, para que el adhesivo no se pegue a la parte delicada. Así no complicarás el problema a la hora de quitarlo todo.

Pinchar o no pinchar. Si ya te ha salido la ampolla, adelante, pínchala. Se ha discutido mucho al respecto, pero en el campo lo normal es que la ampolla acabe reventando por la presión continuada. Así será mejor que la pinches tú mismo cuando, al menos, puedes garantizar unas condiciones higiénicas. Usa una aguja esterilizada (ponla sobre una cerilla encendida y luego sumérgela en alcohol). Limpia la ampolla con un chorrito de alcohol, pínchala, ponle una pomada antibiótica para asegurarte y cúbrela con un parche.

Parches. El mejor remedio que conozco contra las ampollas es la piel sintética de Spenco llamada Second Skin (Segunda Piel). Este parche evita la presión sobre la ampolla y alivia el dolor. Es interesante que el producto se desarrollara originalmente como tratamiento antiquemaduras, ya que al fin y al cabo las ampollas no son más que quemaduras por fricción. Pon el gel directamente sobre la ampolla y cúbrelo con esparadrapo.

Por desgracia, este producto no se encuentra siempre, así que tal vez debas recurrir al viejo sistema de agujerear varias capas de compresa para hacerle un cómodo lecho a la ampolla, y luego recubrirlo con tira protectora y esparadrapo. Existe una compresa estéril engrasada (para quemaduras) que, además, puede proporcionar alivio.


Tomado de www.montañismo.org - Ediciones Desnivel de: Karen Berger. Trucos para excursionistas. Ediciones Desnivel. Manuales Grandes Espacios. 1998. 143 páginas. ISBN: 84-89969-06-X. Páginas 93-97

 
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